Jornada 5, Amsterdam.

AmsterdamSábado, 8 de Noviembre de 2008

Después de la jornada del Viernes, que había sido intensa, apenas nos había dado tiempo para ver Amsterdan, dar una vuelta y ver el ambiente del barrio rojo.

Así, después de devolver el coche (el menda) y mirar en un Cybercafé dónde alquilar el próximo vehículo ya en Bruselas (Dani y Juán), reservamos el Sábado entero para disfrutar de Amsterdam.

AmsterdamLa mejor manera de conocer una ciudad es patearsela, pero como aquí los que van en el coche de San Fernando son los turistas nada más y es tan grande, pues qué mejor que alquilar una bicicleta, que es como se mueve la mayoría de la gente por aquí.

¡Ojo! Que aquí no se frena con palancas en el manillar, hay que pedalear hacia atrás para detener la bicicleta. Semejante mecanismo, al que uno no está acostumbrado, me costó la primera caída. Intenté coger impulso para subir un bordillo y, claro, al darle hacia detrás, frenazo y guarrazo, todo uno.

Aunque mi intención era llegar hasta el Amsterdam Arena (estadio de fútbol del Ajax), preguntando, preguntando… me acabaron diciendo que quedaba muy muy lejos (vamos, como van a tener que ir los del Atleti cuando se cambien a La Peineta, o más) y que mejor aprovechara para ver cosas cercanas al centro (donde estábamos alojados).

AmsterdamAsí y todo le hice kilómetros a la bici, una vez hecho al peculiar sistema de frenado, por lo que me dio tiempo a ver muchas cosas, e incluso hacer unas pequeñas compras para mi hermana y para José.

Comimos casi pedaleando y apuramos al máximo el tiempo de alquiler así como las horas de luz.

Relatar todos los sitios que vi y visité no tiene mucho sentido. Sólo decir que, gracias a la bici, que permite desplazarse mucho mejor, Amsterdam es más que Barrio Rojo y canales, mucho más.

Para terminar la jornada fuimos a tomar unos refrigerios y, al ser Sábado, sí se notaba la masiva afluencia de gente.

Y es que parecía que el Barrio Rojo se había multiplicado por dos. Recorrimos casi por completo las callejuelas y recobecos, detrás de cada uno de los cuales ejercían impresionantes mujeres (lo de impresionante, tanto para lo bueno como para lo malo, que conste).

AmsterdamLlama la atención la manera en que está montado. Las mujeres están en unas minúsculas salitas-escaparates con puerta de cristal  hacia el exterior (con ribetes rojos iluminados, lo que confiere el color a la zona). Si hay "feeling" entre cliente y prostituta, abren la puerta y negocian el precio del trabajo a realizar, todo tan natural.

A las dos de la mañana el ambiente y la marcha se apagaban y sólo algún borrachillo daba una voz más alta que otra así que nos fuimos a nuestra "suite" para por la mañana tomar rumbo a Bélgica de nuevo y de allí a la Normandía francesa.

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